Archive for the ‘Ciudades’ Category

Castro de las Cogotas (Avila, España)

abril 26, 2009
Panorámica del castro de las Cogotas

Conocido desde 1876, el Castro de las Cogotas, situado en la localidad avulense de Cardeñosa, fue excavado entre 1927 y 1931 por el arqueologo turolense Juan Cabré, sirviendo para para definir la culturas arqueológicas de la prehistoria en el centro peninsular: la decisiva etapa de Bronce final (1200-850 a.C.), y la ocupación de la Segunda Edad de Hierro (450-50 a.C.), periodo al que pertenecen el grueso de los testimonios visibles. El yacimiento ha sido objeto de trabajos más recientes, debido a la construcción del pantano epónimo que inundo varias zonas del mismo.
Recreación de la supuesta entrada al castro de las Cogotas

La población aborigen de los distintos pueblos que habitaban el centro y norte de la Península Ibérica antes de la llegada de los romanos habitaba asentamientos defensivos llamados castros u oppida. Empezados a habitar desde el siglo VI a.C., estas edificaciones militares se caracterizan por carecer de calles que formen ángulos rectos, llenos de construcciones de planta casi siempre circular, su situación en emplazamiento elevado, y su aprovechamiento de las defensas naturales de un cerro o resalte geográfico al que fortifican con una potente muralla que comprende a las viviendas.

Toros de Guisando (El Tiemblo, Alava)

El pueblo prerromano vettón, que ocupó las actuales provincias de Salamanca, norte de Cáceres, Ávila, Zamora y Toledo, fue uno de los pueblos más destacados y especializados en la erección de este tipo de estructuras, lo que nos revela un paisaje sembrado por la hostilidad y la lucha por los recursos naturales, previo al uso militar con la invasión de Roma. Junto al castro de las Cogotas que domina el valle de Ámbles sobre el río Adaja y que recibe su nombre de los berrocales de granito que caracterizan el paisaje de esta zona, sobresalen los castros de Ulaca, en Soloancho, El Raso de Candelada o la Mesa de Miranda en Chamartín de la Sierra. La imagen representativa de este pueblo eminentemente ganadero son las esculturas de Verracos, bóvidos o cerdos de , piedra tallados en granito como símbolo, marca territorial o estela funeraria, cuyo conjunto más destacado son los toros de Guisando, situados en la también localidad avulense de El Tiemblo.

Guerrero Vettón de la Coraja
Procedente del Castro de la Coraja, Aldeacentenera, (Cáceres).
Museo Arqueológico de Cáceres.

Embalse de las Cogotas

A partir de los siglos IV-III antes de nuestra era se percibe una fuerte transformación en la fisonomía de estas comunidades indígenas. Se elevan recintos protegidos por fosos, murallas pétreas, torres y campos de piedras para dificultar el avance de la infantería y caballería enemigas. El castro de las Cogotas no escapa a esta influencia, manifestándose en la erección de dos murallas ciclopéas guarnecidas por bastiones y piedras hincadas ante sus entradas. La más interior guarda en su interior a la acrópolis y a las viviendas pertenecientes a los miembros de la élite del poblado, y por tanto la parte del poblado más elevada y difícil de conquistar por unos hipotéticos invasores, mientras que el otro círculo de fortificaciones abarca 15 hectáreas de terreno, permitiendo guardar en él numerosas cabezas de ganado en épocas de razías fronterizas o asedios. Este último círculo de murallas, situado al sur, se dedicó a actividades comunales, sea el caso de ferias de ganado y mercados, además de albergar en su interior una fragua, un basurero y una alfarería. Se ha calculado que pudo albergar a unas 250 personas. Son murallas compuestas por un doble muro de mampostería en seco con un relleno que en ocasiones superan los diez metros de espesor. Asimismo hay que destacar en el exterior de la población, concretamente a unos 250 metros de las murallas, la presencia de una necrópolis de notable extensión compuesta por más de 1400 tumbas divididas en 4 zonas claramente diferenciadas, quizá debido a la pertenencia de los enterrados a diferentes clanes.

Vídeos:

[Youtube=http://www.youtube.com/watch?v=lD7tYa4pqtI]

Ubicación:

Para + información:
Fuente: Historia Romana

La ciudad que muere

abril 26, 2009
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Panorámica de Civita di Bagnoregio

Situada a 100 Km. al noroeste de Roma, en la provincia de Viterbo y cerca del lago de Bolsena, la Civita di Bagnoregio fue hace unos 2.500 años escogida por los etruscos como asentamiento, tanto por su accesibilidad como por su situación estratégica y de fácil defensa. Ubicada sobre una plataforma de arcilla y tufo, los agentes metereológicos y la sempiterna actividad sísmica italiana se han conjurado para erosionar su frágil base y darle el peculiar aspecto actual, lo que llevó a los habitantes de la vecina localidad de Bagnoregio a llamarla “il Paese che muore” (la ciudad que muere) y por lo que en el 2006 fue incluida entre los 100 sitios más amenazados del mundo por el World Monuments Fun.

De sus primeros habitantes de aristocrática nariz y figura hierática ha quedado una necrópolis situada bajo el mirador de San Francisco viejo (belvedere di San Francesco Vecchio) o Gruta de San Buonaventura. En este lugar, una leyenda cuenta que San Francisco curó con un milagro al joven Giovanni Fidanza (San Buonaventura), quien con el tiempo llegaría a ser cardenal y un importante místico. Así, con el proceso de sincretismo de religiones tan habitual en el catolicismo, la necrópolis tirrena se convirtió en una capilla.

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A tenor de los pocos documentos históricos existentes, parece comprobado que Civita di Bagnoregio y Bagnoregio constituyeron dos barrios de una misma población llamada, hacia el siglo XI, Balneum Regis. Según la tradición, este burgo debe su nombre al rey logombardo Desiderio (756-774 d.C.) quien se curó de una grave enfermedad gracias a las aguas termales existentes en la zona. Posteriormente, con la reincorporación de la provincia Lacial por parte de Carlomagno al papado como gesto de buena voluntad, Civita di Bagnoregio entraría en la órbita de la Iglesia hasta la unificación de Italia. Los habitantes de la Civita di Bagnoregio eran valientes y decididos a la hora de enfrentarse a poderosos enemigos, tal y como atestiguan las lapidas y escudos que recuerdan las sangrientas rebeliones que sostuvieron contras los abusos de dos familias nobiliarias: los Monaldeschi y los Baglioni. También hay que señalar los infructuosos intentos de otras ciudades más grandes y poderosas por someter a la Civita di Bagnoregio.

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El declive de la urbe no fue culpa de la azarosa vida política y diplomatica de los Estados Italianos, sino por la geología. Así en 1695, un terrible terremoto marcó el principio del fin. Los destrozos en las viviendas y calles fueron de tal envergadura que los habitantes de Civita di Bagnoregio iniciaron un lento éxodo que dejaría a la población prácticamente despoblada. En la actualidad, Civita di Bagnoregio ha sido conquistado por un turismo culto y sensible, procedente en su mayoria de Inglaterra y Alemania. Como curiosidad, decir que aquí se rodó en 1970 la película Protesta general, protagonizada por dos mitos del séptimo arte italiano: Alberto Sordi y Vittorio Gassman.

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La fiesta más destacada es la llamada Palio della Tonna, una carrera de burros típica de muchas poblaciones italianas, la cual se realiza el primer domingo del mes de junio y el segundo de septiembre y que toma nombre de la forma circular del trayecto.

Ubicación:

Para + información:

San Cosme y San Damián: patrones del trasplante de organos

abril 26, 2009

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<<Oh Dios, nuestro médico y remediador eterno, que hiciste a Cosme y Damián inquebrantables en su fe, invencibles en su heroísmo, para llevar salud a las dolencias humanas, haz que por ellos sea curada nuestra enfermedad, y que por ellos también la curación sea sin recaída>>.

(Oración de la antigua liturgia hispana)

San Cosme y San Damián. Monasterio de la Santa Transfiguración, Brookline, MA, EEUU

Los hermanos San Cosme y San Damián, hermanos gemelos nacidos en la provincia romana de Arabia Petrea hacia el siglo III d.C, fueron afamados médicos en su tiempo, por lo que después de su ejecución a manos del gobernador romano de Cilicia por propagar la fe cristiana entre las más capas humildes de la sociedad fueron considerados junto al evangelista San Lucas como los santos patrones de los galenos, cirujanos, boticarios,… de toda la Cristiandad. Desde un principio, la tumba donde se depositaron sus aseteados y torturados restos por los soldados romanos en la localidad siria de Cirrhus se convirtió en un lugar con fama de milagrero, donde numerosos creyentes, incluidos personajes de la talla del emperador bizantino Justiniano I, aquejados de las más variadas enfermedades y dadas perdidas por los médicos acudían a sanar. Pero también su nombre ha quedado ligado a la historia de los trasplantes por una curiosa historia que os voy a referir ahora, y que ha quedado reflejado en numerosos lienzos, como es el caso del retablo que ilustra esta entrada realizado por el palentino Pedro Berruguete y que en la actualidad se encuentra expuesto en el Museo de la Real Colegiata de San Cosme y San Damian de la localidad burgalesa de Covarrubias; o el siguiente cuadro, obra atribuida a Fernando del Rincón y perteneciente a la pinacoteca del Museo del Prado.

El milagro de San Cosme y San Damián atribuido a Fernando del Rincón. En la actualidad, en el museo del Prado.

El milagro que unió definitivamente el nombre de San Cosme y San Damián con los trasplantes nos lo relata Jacques de Vorágine (siglo XIII) en su famosísima obra a lo largo de los siglos Leyenda áurea de la vida de los Santos. En esta compilación de milagros de santos y beatos el hagiógrafo galo nos cuenta como en el París del siglo XIII la pierna de un presbítero de una iglesia de la ciudad encomendada a la protección de los dos santos lentamente se fue gangrenando debido a un tumor o una infección, causándole grandes dolores. Tanto debió de ser su sufrimiento, que los patrones de su parroquia se apiadaron de su piadoso feligrés y una noche le sustituyeron el miembro enfermo por una extremidad sana procedente de un criado “moro” o de raza etiope que acababa de fallecer el día anterior, realizando así uno de los primeros trasplantes conocido por historia: <<…el encargado de cuidar el templo parisino dedicado a ambos santos sufría enormemente a causa de un tumor en su pierna; y una mañana despertó sin dolor y con una pierna obtenida del cadáver de un etíope fallecido el día de antes.>>. El relato se repite en distintas crónicas variando la fecha y el lugar en que fue realizado, los participantes, etc. Así el portento se localiza también en Egea, la localidad cilicia natal de Cosme y Damián, en vida de los mártires (el donante era un etíope y el receptor un mercader), y en la Roma del siglo XII donde el donante era un negro y el receptor un sacerdote.

La higiene en Roma

diciembre 6, 2008

“Cuestan tan poco las simples escobas, los trapos de cocina, el serrín! Descuidarte de tenerlos te cubre de vergüenza (…). Cuanto menos cuidado y gasto exigen esos detalles es más reprochable que si faltasen los refinamientos en las casas de los ricos.”

Este fragmento de las Sátiras del escritor latino Horacio señalan al afán de pulcritud en la sociedad romana. Debe señalarse que la limpieza, al igual que la mayoría de las tareas diarias, en los hogares con una cierta posición económica eran realizada por los esclavos, los cuales se convirtieron en un indicador de la posición de su dueño y garantizaban que su casa no se convirtiera en una zorrera.

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En la fotografía, acueducto de Mérida. Básicos para las ciudades del Imperio romano; en Roma aportaban más de un millón de metros cúbicos cada día.
“Nosotros lo único que necesitamos es una esclava que sepa tejer, que sepa moler, cortar la leña, barrer la casa, que se aguante con los azotes y que guise diariamente la comida de la casa” Escribía el comediógrafo latino Plauto.

La vida cotidiana:

Para la limpieza diaria del hogar romano se empleaban sistemas tradicionales como los paños, escobas y esponjas; además del agua y el serrín con los que se arrastraba o disolvía la suciedad.
Los paños más toscos se usaban en las cocinas en la limpieza y secado de las manos y la vajilla; mientras que sus hermanos de mejor calidad se reservaban para su uso en ciertas estancias, como la recepción de invitados.

Estas actividades fueron descritas en sus sátiras por el poeta latino Juvenal. (…)”Cuando va a llegar a tu casa un huésped pones en actividad a todos los tuyos [Esclavos]: “Barre el suelo, deja bien brillantes las columnas, fuera las telarañas de todos los rincones de la casa; esté abrillanta la plata, el otro friega los platos cincelados”, insta la voz del amo con el vergajo en la mano”.

Uno de los mayores quebraderos de cabeza de las matronas romanas y de los mayordomos de las casas fue el lavado de la ropa; se podía remojar y aclarar las prendas más ligeras, pero no se conocía en jabón, de modo que las piezas de lanas y las manchas más persistentes eran enviadas a las lavanderías. En estas se empleaban diversas sustancias minerales y vegetales, con múltiples aclarados.

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En la fotografía, la llamada Fullonica Stephani, una lavandería y tintorería situada en Pompeya.
Las escobas, de hojas de palmera o tallos arbustivos. eran utilizadas para pulir y dejar brillantes los pavimentos de mosaico, mármol, ladrillo, arcilla apisonada; mientras que en los pavimentos no porosos, por ejemplo los suelos de comedor, se utilizaba serrín para absorber las grasas y líquidos, y si no un buen baldeo de agua.Otros utensilios frecuentes fueron las esponjas, utilizadas para limpiar las columnas y las mesas, pero también haciendo las necesidades de papel higiénico a la romana en el retrete.

Las letrinas; aguas mayores y menores:

En las casa romanas se utilizaban diversos tipos de potes y recipientes como orinales. Aunque para la gente de dineros tenían a su disposición sillas de retrete, bajo cuyo asiento había un recipiente, limpiado y vaciado con discreción por un esclavo, tras ser usado.
En las domus, hogar de patricios, aristócratas locales, mercaderes o comerciantes con fortuna, existían verdaderas letrinas. Eran fosas cubiertas con una placa horadada por agujeros circulares para uso de los habitantes de la casa, además junto a ellas siempre estaban presentes varias esponjas. En ella podían los esclavos vaciar las bacinillas de los amos.
Latrina (detall), termes d'Adrià, Lepcis Magna

Letrinas romanas en las termas de Adriano (Leptis Magna, Libia)

En las insulae, los edificios de varios pisos de altura en el Imperio Romano, los servicios eran comunes a todos los habitantes del inmueble; los cuales consistían por lo general en una tinaja oculta en el hueco de la escalera de la planta baja o en un fosa, en los que los habitantes más cívicos vertían el contenido de las bacinillas, aunque no faltaban los guarros y vagos que lo tiraban por la ventana. El “agua va” no es un invento del medievo.

Termas y baños; placer, ocio y lujo:

Mosaico de Piazza Armerina (Sicilia) Siglos III- IV

Una dama romana se dirige a las termas acompañada de sus sirvientes. Mosaico de Piazza Armerina (Sicilia) Siglos III- IV

“Orandum est ut sit mens sana in corpore sana” (“hay que pedir que haya una mente sana en un cuerpo también sano”), recordamos con el celebrado aforismo del ya nombrado Juvenal.

Los baños públicos existían de forma modesta en Roma desde el siglo II a.C. Estaban regentados por los llamados “balneator”, empresarios privados, a los que se podía acceder pagando una pequeña cantidad. Tenían pocas habitaciones, mal ventiladas e iluminadas y se caldeaban con braseros, utilizando bañeras con agua calentada previamente. Una situación perecida a la que se vivía en los baños europeos del medievo.

La situación cambio a partir de la invención de una cámara subterránea llamada hipocausto, donde se hacía circular el aire caliente originado en el horno (“praefurnium”); lo que permitió que las salas de baño fueran haciéndose más grandes y amplios.

Las primeras termas públicas eran edificios de considerables dimensiones dotados de todo tipo de lujos y refinamientos y de entrada gratuita. Destacan las mandadas construir por Marco Agripa en el Campo de Marte. Le siguieron las de Nerón, Tito y Trajano. Ya finales del siglo III se erigieron las mayores termas de Roma, las de Diocleciano.

Para los ciudadanos romanos, la visita a las termas servia de excusa para informarse sobre las últimas noticias de Roma y el Imperio. Los magistrados y los senadores se reunían allí para hablar de política, los empresarios ocupados en sus negocios, y el pueblo para tratar temas triviales o serios.

Vía: Blog Historia Romana

Heroínas de la Guerra de Independencia esp.

octubre 31, 2008

Aunque posiblemente uno de las heroínas de la Guerra de Independencia española (1808-14) más conocida por el público sea la artíllera Agustina de Aragón, también hubo otras mujeres, pocas por desgracia, cuyas heroicas hazañas en los campos de batalla en un universo de hombres están empezando a recibir su merecido reconocimiento. Este es el caso de la gerundense María Farfá.

Ramón Marti i Alsina. h. 1865 Óleo sobre lienzo, 45,5 x 84 cm. Museu d'Art de Girona, Girona

Ramón Martí i Alsina. h. 1865 Óleo sobre lienzo, 45,5 x 84 cm. Museu de Gerona

Durante el sitio de Gerona por parte del ejército francés, el marido de María Farfá fue herido, por lo que tuvo que guardar cama en su casa. Y en esto que de repente empieza a sonar el toque de alarma. ¡Los regimientos franceses se dirigen a asaltar de nuevo la ciudad! Tras un momento de desconcierto general, todos los hombres sanos se dirigen a sus posiciones anteriormente fijadas; mientras que las mujeres, niños y ancianos atrancan las puertas y ventanas de sus casas, o bien se dirigen a las iglesias a rezar por sus familiares y a evitar la barbarie posterior en caso de que la ciudad caiga. En un arranque de ánimo y valentia, lo que habla mucho de su carácter, María coge el fusil de su marido y dirige sus pasos hacia el baluarte de San Francisco a combatir cuerpo a cuerpo. Pero al verla unos artilleros, hombres machotes y rudos, le increpan que su lugar es estar en su casa cuidando a su esposo. Pero ella no se achanta y responde: “Cuando suena la alarma, éste (refiriéndose al fusil) es mi marido.

¿Sabías que…?

octubre 30, 2008

… una lápida recuerda que los burgales fueron los primeros en alzarse contra los franceses.

Al pueblo burgalés
que antes que ninguno de
España se alzó contra los
franceses invasores
en esta plaza donde murieron por
la patria, Manuel de la Torre,
Nicolás Gutiérrez y Tomás Gredilla
el 18 de abril de 1808 A los heroicos vocales de
la Junta Superior de Burgos
José Ortiz de Covarrubias, Pedro Gordo,
Eulogio José Muro y José Gregorio Navas,
mártires de la independencia
patria, ahorcados en Soria
el 2 de abril de 1812.
El Ayuntamiento de Burgos 1937

Asi reza la lapida conmemorativa que fue alzada en Burgos en el año 1937, en plena guerra civil, en el Arco de Santa María, puerta emblemática de la muralla de la capital, antigua sede del Regimiento (ayuntamiento) burgalés, frente a la Catedral, en la Plaza del Rey San Fernando. Intuyendo que las tropas napoleónicas no estaban de paso en España hacia Portugal, como habían hecho creer, hizo que tras la detención de un correo español que venía de Vitoria, donde se encontraba el monarca, hacia Burgos camino de Madrid; un buen número de burgaleses acudió a protestar contra el intendente de la ciudad. Éste, una vez viendo los ánimos exaltados (…que el horno no estaba para bollos…), se refugió en el Palacio Arzobispal, protegido por un destacamento de fuerzas francesas. El pueblo burgalés aún más indignado por este hecho, prosiguió con sus quejas, a lo que lo que los guardias respondieron con una serie de disparos que mato a tres personas: Manuel de la Torre, Nicolás Gutierrez y Tomás Gredilla. Era el 18 de Abril de 1808.

El siguiente texto, escrito con la simpleza propia de un tornero llamado Marcos Palomar, ilustra los dramáticos momentos.

(…)” Viendo esto dichas gentes, que más me pareció basura que personas, volvieron a vocear: ¡muera!, ¡muera!, ¡muera!, de modo que queriendo a pedradas, los muchachos atropellar la guardia y por último decían: ¡fuera de ahí esa guardia!, atropellaron unos bárbaros a quitar el fusil a la centinela y darlos y darlos de palos; esto que vio el Comandante que tenían, mandó hacer fuego.

A la primera descarga tres hombres quedaron muertos en el suelo, de este modo se retiró la gente”.(…)

Este incidente fue definido posteriormente por algunos autores como Albarellos y García de Quevedo como el 2 de Mayo burgales”.

Los “Músicos oficiales”

septiembre 12, 2008

Desde finales de la Edad Media, los ayuntamientos de las ciudades más importantes de Europa contrataban músicos oficiales. Según los cronistas, en el siglo XV existían en Barcelona varias agrupaciones musicales con distintas funciones:

-Las trompetas y tamboriles anunciaban la publicación de bandos y edictos.

-Una cobla de músicos ciegos acompañaban las funciones religiosas, tañendo instrumentos de cuerda.

-Los ministriles amenizaban las ceremonias municipales, tocando instrumentos de viento.

Cantor, corneta, flauta baja y sacabuche (Bajorelieve polaco, S. XV

Cantor, corneta, flauta baja y sacabuche (Bajorelieve polaco, S. XV)

Roma, capital económica

septiembre 12, 2008

La necesidad de abastecer a las ciudades del Imperio Romano provoco un fuerte desarrollo del comercio de variadas mercancías: productos agrícolas, minerales, y artesanos, como la cerámica griega o las sedas y perfumes de Oriente.

El comercio se hizo más fácil por el uso de moneda como moneda de pago y un idioma común como lingua franca, el latín. Para favorecer el transporte de mercancías entre Roma y las provincias se construyó toda una red de calzados y se edificaron puertos a lo largo del Mediterráneo.

Mapa del comercio romano durante el Imperio.

Conocemos algunas de las principales rutas comerciales marítimas, y su duración media: Pozzuoli-Alejandría, 9 días; NarbonaAlejandría, 20 días; Ostia-Narbona, 3 días; Alejandría-Marsella, 30 días; Gades-Ostia, 7 días; Hispania Citerior-Ostia, 4 días, etc…Las travesías podían ser más largas o más cortas, ya que dependían del tipo de embarcación y de la dirección y la fuerza de los vientos. En el Mare Nostrum la navegación quedaba suspendida mare clausum desde mediados de noviembre hasta mediados de marzo. Se construyeron muelles, faros, escolleras; el auge de los puertos gracias al comercio fue inmenso, destacando el puerto de Ostia el primero y más grande de Roma.

El mercado de Trajano tenía más de 150 tiendas.

La prosperidad y desarrollo del comercio romano queda reflejado en este fragmento de un discurso de Aelio, siglo I d.C.

(…) En cada estación del año, sobre todo en Otoño, llegan tantos barcos de transporte a atracar a las orillas del Tíber, que Roma es como el mercado universal del mundo. Se pueden ver en gran cantidad cargamentos venidos desde la India y de la Arabia feliz. Los tejidos de Babilonia y las joyas de los países bárbaros más lejanos llegan en gran facilidad. Vuestros campos, romanos, son los de Egipto, Sicilia y la parte cultivada de África. Se puede decir que lo que nunca se ha visto en Roma es que nunca ha existido. (…)

Mosaico en el que se representan los trabajos de carga y descarga de un barco en las costas de Tunicia África)

Ver también:

El terremoto de Lisboa de 1755

septiembre 10, 2008
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Grabado de 1755 mostrando las ruinas de la ciudad en llamas y un maremoto arrollando los barcos del puerto.

Lisboa, mañana del sábado 1 de Noviembre de 1775, día de Todos los Santos. La populosa ciudad despierta. Los fieles se dirigen a honrar a los muertos en iglesias como la de Santa María de Belém, São Nicolau o São Vicente de Fora, La Casa de Cuentas o plaza del Comercio; conocida como Terreiro do Paço por el palacio real que ahí se levantaba reanudaban sus actividades cotidianas. Pero a las nueve y media de la mañana el terror se desato, al empezar el suelo a temblar. El testimonio de John Fowkes, un comerciante inglés, afincado en la capital portuguesa revela la magnitud de la tragedia. Ese día, Fowkes se encontraba departiendo tranquilamente con dos amigos portugueses frente a la Casa de Cuentas cuando el suelo empezó a resquebrajarse y grandes bloques de piedra se desprendían de los edificios colindantes. Cuando el temblor remitió, Fowkes se dirigió a la Iglesia de São Nicolau “pero el horror que allí había nos confundió. Muchos ya habían fallecido y los que estaban malheridos (¡horrible espectáculo!) pedían misericordia a gritos mientras algún sacerdote los confesaba y absolvía” Ante ese horror decidió rodear la iglesia y dirigirse hacia la cercana plaza de Rossio, gateando por encima de las ruinas que llenaban toda la Rua dos Arcos. Allí encontró a su mujer y a sus hijos junto a dos criados. A continuación la familia buscó refugio en las colinas próximas, adonde se habían dirigido muchos de los supervivientes. Mientras en la ciudad, los braseros y las velas de las casas provocaron un gran incendio, que duro cinco días y devoró a las pocas casas que quedaban en pie.

José I de Portugal

Por otra parte, los supervivientes que habían buscado refugio en la playa corrieron la peor suerte. Después de las diez de la mañana, el mar se retiró, dejando los barcos varados en el pueblo, junto a mercancías y hasta los peces, ante la mirada sorprendida de las gentes que se agolpaban en la orilla. En torno a las once una ola de casi veinte metros de altura entro “barriendo y asolando cuanto delante hallaba, hasta la Real Casa de la Misericordia“, entrando en la ciudad unos ocho kilómetros; retirándose después y repitiéndose varias veces con menos fuerza hasta mediada la tarde. El palacio real, a orillas del Tajo, fue derribado en uno de estos embates, aunque el rey José I y la familia real se salvaron al haber acudido a misa esa madrugada a la iglesia de Santa María de Belém, situada en la zona menos afectada por el terremoto.

De una población lisboeta de 300.000 habitantes, unas 90.000 personas murieron, la mayor parte habitantes de la Cidade Baixa. Muchos de ellos murieron en los primeros momentos de la catástrofe, y la mala suerte hizo que fuera el día de Todos los Santos, por lo que muchas personas que habían acudido a las Iglesias, murieron al caerse las techumbres de estas. En el Hospital Real de Todos los Santos(el hospital público más grande de la época) murieron abrasados centenares de pacientes. En el Terreiro do Paço, el palacio real se desplomó por el embate conjunto del terremoto y del maremoto, desapareciendo numerosas obras de arte- incluyendo pinturas de Tiziano, Rubens y Correggio– y la Biblioteca Real, la cual guardaba alrededor de 100.000 ejemplares. La Real Casa de la Ópera (o Teatro de Ópera do Tejo) recién construida hace seis meses; el Archivo Real, el cual contenía detallados expedientes históricos que describían las exploraciones de Vasco da Gama y otros exploradores tempranos portugueses; la tumba del héroe nacional Nuno Álvares Pereira; e importantes iglesias de Lisboa, como la catedral de Santa María, las basílicas de São Paulo, Santa Catarina, São Vicente de Fora, y la iglesia de la Misericordia.

En Marruecos murieron cerca de 10.000 personas, en Sevilla también hubo víctimas y multitud de edificios quedaron dañados, incluida la Giralda y la Torre del Oro. En Ayamonte murieron más de 1.000 personas, en Cádiz las olas rompieron las murallas, Conil de la Frontera fue destruida lo mismo que Sanlúcar de Barrameda. Una de las torres de la catedral de Valladolid se derrumbó, en Jaén las torres de la catedral se agrietaron en Úbeda. Los Tsunamis golpearon las costas de Martinica y Barbados en América, los efectos llegaron hasta Turquía en el Mediterráneo y a Inglaterra y Dinamarca en el Atlántico.

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Convento do Carmo. Su iglesia edificada en estilo gótico en el S. XIV, perdió en 1755 su techumbre y nunca fue reconstruida. Sus ruinas fueron preservadas para recordar a los lisboetas la destrucción causada por el terremoto.

El impacto del terremoto fue tal que José I jamás volvió a vivir en su palacio reconstruido, habitando hasta su muerte con toda su corte en un lujoso campamento de tiendas y pabellones situada en la colina de Ajuda, próxima a Lisboa.

Tras la reconstrucción, el marqués de Pombal, el primer ministro o válido del rey, tomo la iniciativa. Siguiendo su máxima de “se entierra a los muertos y se alimenta a los vivos”, mando a la población a extinguir los últimos fuegos, sacar de los escombros a los muertos y enterrarles de forma apresurada, para evitar de esta forma infecciones. Dada la enorme cantidad de muertos, se utilizaron algunos conventos como fosa común para enterrarlos. Hace algunos años, se hallaron, en la actual Academia de Ciencias (Antiguo convento de Jesús), los restos de 3000 victimas de la tragedia. Para prevenir los desórdenes en la ciudad en ruinas, y, sobre todo, para impedir el saqueo, se levantaron patíbulos en puntos elevados alrededor de la ciudad y al menos 34 saqueadores fueron ejecutados. El ejército fue movilizado para que rodeara la ciudad e impidiese que los hombres sanos huyeran, de modo que pudieran ser obligados a despejar las ruinas.

A continuación, un grupo de arquitectos se encargo de planificar la reconstrucción de la zona más afectada, la Cidade Baixa, a la que convirtieron en la llamada Baixa Pombalina, además de reconstruir secciones de otras ciudades portuguesas, como Vila Real de Santo António en el Algarve. Los edificios pombalinos fueron los primeros del mundo en ser diseñados para resistir terremotos; para comprobar la resistencia de su estructura se hicieron maquetas de madera de estos edificios, alrededor de los cuales se hizo marchar al trote a las tropas, igualando su efecto al de los terremotos. Gracias principalmente al oro de las colonias de Brasil, la ciudad pudo ser reconstruida al cabo de un año. Lisboa se convirtió en el prototipo de ciudad nueva europea, con sus manzanas grandes y rectilíneas, y amplias avenidas.

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"El Marqués de Pombal mostrando la reconstrucción de Lisboa" por Louis-Michel van Loo, 1766.

Pero el terremoto sacudió mucho más que ciudades y edificios, influyó decisivamente en los pensadores de la Ilustración europea. Un ejemplo es Voltaire en Cándido o en su ‘Poème sur le desastre de Lisbonne’ (poema sobre el desastre de Lisboa) haciendo referencia al terremoto que ha sido representado como análogo al Holocausto. Kant publicó tres textos separados sobre el terremoto de Lisboa que en alguna medida se consideran como el principio de la geografía científica en Alemania y el comienzo de la sismología.

Las riquezas de Constantinopla

septiembre 9, 2008

“Cuando se tomó la ciudad, encontraron en los palacios enormes riquezas. Y el palacio de Bucoleón era rico y estaba hecho como voy a decíroslo. Había, en este palacio que ocupaba el marqués, quinientos departamentos, que estaban unos junto a otros y todos hechos de mosaico de oro, y además había treinta capillas, tanto grandes como pequeñas; y además había una, que llamaban la Santa Capilla, que era tan rica y noble que no había ni gozne, ni cerrojo, ni ninguna pieza, ordinariamente de hierro, que no fuese toda de plata, y no había columna que no fuese o de jaspe , o de porfirio, o de ricas piedras preciosas. El pavimento de la capilla era de un mármol blanco tan pulido y tan claro que se hubiese dicho que era de cristal, y esa capilla era tan rica y tan noble que no podría contaros la gran belleza y la gran nobleza de esa capilla. En esa capilla se encontraron riquísimas reliquias, porque encontraron dos trozos de la Vera Cruz tan gruesos como la pierna de un hombre y de una largura de media toesa aproximadamente,y además encontraron el hierro de la lanza con que atravesaron el costado de Nuestro Señor, y los dos clavos que le hundieron en las manos y en los pies. Y además había veinte capillas, y había doscientos o trescientos aposentos, que estaban unos junto a otros y todos hechos de mosaico de oro. [Este otro] palacio era tan rico y tan noble que no podría describiros ni contaros la gran nobleza y la gran riqueza de este palacio. En este palacio de Blanquernes se encontró un grandísimo tesoro, y muy rico, porque en él encontraron las ricas coronas que habían pertenecido a los emperadores precedentes, y los ricos joyeles de oro, y las ricas ropas imperiales, y las ricas piedras preciosas, y tantas otras riquezas que no se podría enumerar el gran tesoro de oro y plata que encontraron en el palacio y en muchos otros lugares de la ciudad.”

Robert de Clari, Conquete de Constantinople

Roberto de Clari era un caballero empobrecido que formo parte del variopinto grupo llamado “gente menuda”  de la Cuarta Cruzada que se apodero de Constantinopla en 1204. Su valor tiene gran valor documental.