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La higiene en Roma

diciembre 6, 2008

“Cuestan tan poco las simples escobas, los trapos de cocina, el serrín! Descuidarte de tenerlos te cubre de vergüenza (…). Cuanto menos cuidado y gasto exigen esos detalles es más reprochable que si faltasen los refinamientos en las casas de los ricos.”

Este fragmento de las Sátiras del escritor latino Horacio señalan al afán de pulcritud en la sociedad romana. Debe señalarse que la limpieza, al igual que la mayoría de las tareas diarias, en los hogares con una cierta posición económica eran realizada por los esclavos, los cuales se convirtieron en un indicador de la posición de su dueño y garantizaban que su casa no se convirtiera en una zorrera.

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En la fotografía, acueducto de Mérida. Básicos para las ciudades del Imperio romano; en Roma aportaban más de un millón de metros cúbicos cada día.
“Nosotros lo único que necesitamos es una esclava que sepa tejer, que sepa moler, cortar la leña, barrer la casa, que se aguante con los azotes y que guise diariamente la comida de la casa” Escribía el comediógrafo latino Plauto.

La vida cotidiana:

Para la limpieza diaria del hogar romano se empleaban sistemas tradicionales como los paños, escobas y esponjas; además del agua y el serrín con los que se arrastraba o disolvía la suciedad.
Los paños más toscos se usaban en las cocinas en la limpieza y secado de las manos y la vajilla; mientras que sus hermanos de mejor calidad se reservaban para su uso en ciertas estancias, como la recepción de invitados.

Estas actividades fueron descritas en sus sátiras por el poeta latino Juvenal. (…)”Cuando va a llegar a tu casa un huésped pones en actividad a todos los tuyos [Esclavos]: “Barre el suelo, deja bien brillantes las columnas, fuera las telarañas de todos los rincones de la casa; esté abrillanta la plata, el otro friega los platos cincelados”, insta la voz del amo con el vergajo en la mano”.

Uno de los mayores quebraderos de cabeza de las matronas romanas y de los mayordomos de las casas fue el lavado de la ropa; se podía remojar y aclarar las prendas más ligeras, pero no se conocía en jabón, de modo que las piezas de lanas y las manchas más persistentes eran enviadas a las lavanderías. En estas se empleaban diversas sustancias minerales y vegetales, con múltiples aclarados.

Fullonica Stephani
En la fotografía, la llamada Fullonica Stephani, una lavandería y tintorería situada en Pompeya.
Las escobas, de hojas de palmera o tallos arbustivos. eran utilizadas para pulir y dejar brillantes los pavimentos de mosaico, mármol, ladrillo, arcilla apisonada; mientras que en los pavimentos no porosos, por ejemplo los suelos de comedor, se utilizaba serrín para absorber las grasas y líquidos, y si no un buen baldeo de agua.Otros utensilios frecuentes fueron las esponjas, utilizadas para limpiar las columnas y las mesas, pero también haciendo las necesidades de papel higiénico a la romana en el retrete.

Las letrinas; aguas mayores y menores:

En las casa romanas se utilizaban diversos tipos de potes y recipientes como orinales. Aunque para la gente de dineros tenían a su disposición sillas de retrete, bajo cuyo asiento había un recipiente, limpiado y vaciado con discreción por un esclavo, tras ser usado.
En las domus, hogar de patricios, aristócratas locales, mercaderes o comerciantes con fortuna, existían verdaderas letrinas. Eran fosas cubiertas con una placa horadada por agujeros circulares para uso de los habitantes de la casa, además junto a ellas siempre estaban presentes varias esponjas. En ella podían los esclavos vaciar las bacinillas de los amos.
Latrina (detall), termes d'Adrià, Lepcis Magna

Letrinas romanas en las termas de Adriano (Leptis Magna, Libia)

En las insulae, los edificios de varios pisos de altura en el Imperio Romano, los servicios eran comunes a todos los habitantes del inmueble; los cuales consistían por lo general en una tinaja oculta en el hueco de la escalera de la planta baja o en un fosa, en los que los habitantes más cívicos vertían el contenido de las bacinillas, aunque no faltaban los guarros y vagos que lo tiraban por la ventana. El “agua va” no es un invento del medievo.

Termas y baños; placer, ocio y lujo:

Mosaico de Piazza Armerina (Sicilia) Siglos III- IV

Una dama romana se dirige a las termas acompañada de sus sirvientes. Mosaico de Piazza Armerina (Sicilia) Siglos III- IV

“Orandum est ut sit mens sana in corpore sana” (“hay que pedir que haya una mente sana en un cuerpo también sano”), recordamos con el celebrado aforismo del ya nombrado Juvenal.

Los baños públicos existían de forma modesta en Roma desde el siglo II a.C. Estaban regentados por los llamados “balneator”, empresarios privados, a los que se podía acceder pagando una pequeña cantidad. Tenían pocas habitaciones, mal ventiladas e iluminadas y se caldeaban con braseros, utilizando bañeras con agua calentada previamente. Una situación perecida a la que se vivía en los baños europeos del medievo.

La situación cambio a partir de la invención de una cámara subterránea llamada hipocausto, donde se hacía circular el aire caliente originado en el horno (“praefurnium”); lo que permitió que las salas de baño fueran haciéndose más grandes y amplios.

Las primeras termas públicas eran edificios de considerables dimensiones dotados de todo tipo de lujos y refinamientos y de entrada gratuita. Destacan las mandadas construir por Marco Agripa en el Campo de Marte. Le siguieron las de Nerón, Tito y Trajano. Ya finales del siglo III se erigieron las mayores termas de Roma, las de Diocleciano.

Para los ciudadanos romanos, la visita a las termas servia de excusa para informarse sobre las últimas noticias de Roma y el Imperio. Los magistrados y los senadores se reunían allí para hablar de política, los empresarios ocupados en sus negocios, y el pueblo para tratar temas triviales o serios.

Vía: Blog Historia Romana