Mª Teresa León, la gran olvidada de la generación del 27

septiembre 12, 2008

Eclipsada por la sombra de su marido, el poeta y pintor Rafael Alberti, la escritora Mª Teresa León realizo una amplia labor literaria que está empezando a ver la luz.

Infancia y juventud

Maria Teresa León Goyri nace en Logroño el 31 de Octubre de 1903, hija de un coronel del ejercito, aunque muy pronto, en 1905 su familia se traslada a Madrid. Durante los primeros años de su infancia madrileña, se relaciono con la familia del historiador y folklorista Ramón Menéndez Pidal, cuya casa fue una escuela en la que reconocería el talante inquieto de Maria Teresa León y una fuente de inspiración literaria posterior.

A los 17 años, la escritora contrae matrimonio con Gonzalo de Sebastián, del que tras varias crisis matrimoniales y dos hijos en común: Gonzalo (1920) y Enrique (1925), se separa en 1929.

Maria Teresa León con dos hijos de su primer matrimonio

Tras la separación de su marido, la escritora se instala en Burgos, donde su temprana vocación literaria le lleva a colaborar en el Diario de Burgos, mediante artículos, pequeños relatos y crónicas de sociedad; sobre acontecimientos culturales o artísticos que tenían lugar en la ciudad y, especialmente de sucesos o problemas sociales del momento, donde conjugaba el reclamo de la caridad cristiana con su proyección progresista. También colabora en revistas argentinas y españolas(Burgos, Caras y Caretas, La Gaceta Literaria), e inicia la publicación de sus primeras colecciones de cuentos ( Cuentos para soñar y La Bella del mal amor), ya en Madrid, adonde se traslada en 1930, con la intención de vincularse definitivamente a la literatura.

Nueva vida en Madrid

María Teresa León y Rafael Alberti

Una vez en Madrid , Mª Teresa se relaciona en el ámbito cultural y literario, campos donde conoce a los miembros de la generación de 27; tales como el cineasta Buñuel, artistas como Dalí y escritores como Machado, Lorca, Cernuda, Salinas, Neruda… y al que seria el compañero de su vida, el poeta Rafael Alberti. La unión con el gaditano supuso una ruptura con su mundo anterior e inicio una nueva etapa vital. A la vez, Alberti, reconoció el trastorno que supuso en su vida con estas palabras: “… apareció María Teresa y lo arraso todo”.

Durante los años 1932-1935, Maria Teresa León y Rafael Alberti visitaron numerosos países europeos y americanos, cuya experiencia les proporciona una nueva visión del arte y de la realidad, y la orientación social y política de su literatura, percibida ya en la revista Octubre, la obra de teatro Huelga en el puerto y los Cuentos de la España actual.

Durante la guerra civil española, Mª Teresa se implica en las misiones culturales desarrolladas por la Alianza de Intelectuales Antifascistas. Dirige publicaciones como Mono Azul y participa activamente con las Guerrillas del Teatro. También colabora junto a su marido en la evacuación de los cuadros más valiosos del Museo del Prado.

Exilio y Regreso a España

Viendo que el fin de la II Republica se aproxima a su fin, la escritora y Rafael Alberti abandonan España el 6 de Marzo de 1939. Tras breves estancias en Orán, Marsella y París, embarcan al exilio argentino. La diáspora de la generación del 27, iniciada por la muerte de Lorca, se completa definitivamente. En Argentina, la vida del matrimonio Alberti, entristecida por el exilio, se alegra por el nacimiento de su hija Aitana. Durante 23 años de vida en Buenos Aires, María Teresa alcanza el cenit de su producción literaria; novelas, biografías, guiones de cine, y colecciones de cuentos ven la luz.

Alberti con su hija Aitana

En 1963 el matrimonio Alberti se instala en el Trastévere, el populoso barrio romano donde vivirán años felices, y donde Mª Teresa realizara su autobiografía Memorias de la melancolía“.

Maria Teresa León y Rafael Alberti regresan a España el 27 de Abril de 1977, tras una ausencia de 38 años. Sin embargo, la mala suerte persiguió a la pareja. Aquejada de mal de Alzehimer, es ingresada en un sanatorio donde morirá el 13 de Diciembre de 1988.

Los “Músicos oficiales”

septiembre 12, 2008

Desde finales de la Edad Media, los ayuntamientos de las ciudades más importantes de Europa contrataban músicos oficiales. Según los cronistas, en el siglo XV existían en Barcelona varias agrupaciones musicales con distintas funciones:

-Las trompetas y tamboriles anunciaban la publicación de bandos y edictos.

-Una cobla de músicos ciegos acompañaban las funciones religiosas, tañendo instrumentos de cuerda.

-Los ministriles amenizaban las ceremonias municipales, tocando instrumentos de viento.

Cantor, corneta, flauta baja y sacabuche (Bajorelieve polaco, S. XV

Cantor, corneta, flauta baja y sacabuche (Bajorelieve polaco, S. XV)

El arma secreta de Yusuf

septiembre 12, 2008

La música se ha utilizado con fines militares durante muchos años: la mayor parte de las veces para animar a los soldados e infundirles valor; en otras ocasiones, incluso para amedrentar al enemigo. Este es el caso de la historia de los tambores de Yusuf.

Durante el siglo XI invadieron la península Ibérica los terribles almorávides al mando de Yusuf. Eran una especie de monjes-soldado musulmanes con una visión rigorista del Islam. Su ejercito estaba formado por guerreros vestidos totalmente de negro, que se lanzaron contra los reinos cristianos utilizando una nueva arma: miles de grandes tambores y escudos, hechos o revestidos por la recia piel del hipópotamo. Cuando los tocaban ensordecían a los enemigos que huían aterrorizados. El propio rey Alfonso VI estuvo a punto de morir en la batalla. Tan solo un ejército cristiano logró derrotarles: el de Rodrigo Díaz de Vivar, alias el “Cid“.

Hiperbóreos

septiembre 12, 2008
Rapto de Oritia por Bóreas. Detalle de un oinocoe de figuras rojas apulio, c. 360 a. C.

Rapto de Oritía por Bóreas. Detalle de un oinocoe de figuras rojas apulio, c. 360 a. C.

Los Hiperbóreos(“habitantes de mas allá del viento del norte), eran, en la mitología griega, un pueblo que llevaba una pacifica existencia en Hiperbórea, una región situada en las tierras septentrionales aún desconocidas, al norte de Tracia. Se les consideraba los hijos del dios Bóreas, el frío y terrible viento del norte.

Eran adoradores del dios Apolo, quien pasaba con ellos tres meses en Invierno. Algunos de los objetos sagrados del culto de Apolo en Delfos procedían de este país y habían sido traídos por jóvenes de aquel origen. Cuenta Herodoto que los mancebos y doncellas de Delfos antes de casarse, se cortaban el pelo y lo depositaban en las tumbas de estos jóvenes portadores de objetos de culto que se hallaban dentro del templo de Artemís.

De los hiperbóreos se decía que eran inmortales, además de ser descritos como gigantes, y que tenían unas costumbres primitivas. Sileno, en una de sus fábulas, decía que fueron los primeros hombres en ser visitados por los habitantes de otro continente más allá del océano que, asustados por lo que se encontraron, regresaron a su país y no volvieron más.

En la actualidad, se les ha relacionado con los iberos e incluso con los miticos constructores de Stonehenge.

Bracae: los pantalones de la Antigüedad

septiembre 12, 2008
En la Antigüedad, las bracae eran una especie de pantalones ajustados más o menos a la altura de los tobillos, hechos de piel de animal o lana. En la época romana, eran utilizados por extranjeros, en especial celtas y galos, y por soldados romanos. Estos últimos las habían adaptado en su servicio por las provincias del norte de Europa, ya que protegía mejor contra el frío que las tradicionales túnicas. Este cambio trajo como complemento la camisa.

Con el tiempo algo tan masculino como esta prenda acabo dando nombre a una de las prendas intimas y femeninas: las bragas. No obstante el termino bragueta todavía recuerda que eran los hombres los que se las ponían antes de ellas. Esta pieza también, triunfo siglos después, como prenda masculina por excelencia: el pantalón.

En la Columna de Trajano (Fotografía inferior), aparecen soldados vestidos con esta prenda. También pueden verse figuras esculpidas vistiendo bracae, en el arco de Constantino, en Roma.

Roma, capital económica

septiembre 12, 2008

La necesidad de abastecer a las ciudades del Imperio Romano provoco un fuerte desarrollo del comercio de variadas mercancías: productos agrícolas, minerales, y artesanos, como la cerámica griega o las sedas y perfumes de Oriente.

El comercio se hizo más fácil por el uso de moneda como moneda de pago y un idioma común como lingua franca, el latín. Para favorecer el transporte de mercancías entre Roma y las provincias se construyó toda una red de calzados y se edificaron puertos a lo largo del Mediterráneo.

Mapa del comercio romano durante el Imperio.

Conocemos algunas de las principales rutas comerciales marítimas, y su duración media: Pozzuoli-Alejandría, 9 días; NarbonaAlejandría, 20 días; Ostia-Narbona, 3 días; Alejandría-Marsella, 30 días; Gades-Ostia, 7 días; Hispania Citerior-Ostia, 4 días, etc…Las travesías podían ser más largas o más cortas, ya que dependían del tipo de embarcación y de la dirección y la fuerza de los vientos. En el Mare Nostrum la navegación quedaba suspendida mare clausum desde mediados de noviembre hasta mediados de marzo. Se construyeron muelles, faros, escolleras; el auge de los puertos gracias al comercio fue inmenso, destacando el puerto de Ostia el primero y más grande de Roma.

El mercado de Trajano tenía más de 150 tiendas.

La prosperidad y desarrollo del comercio romano queda reflejado en este fragmento de un discurso de Aelio, siglo I d.C.

(…) En cada estación del año, sobre todo en Otoño, llegan tantos barcos de transporte a atracar a las orillas del Tíber, que Roma es como el mercado universal del mundo. Se pueden ver en gran cantidad cargamentos venidos desde la India y de la Arabia feliz. Los tejidos de Babilonia y las joyas de los países bárbaros más lejanos llegan en gran facilidad. Vuestros campos, romanos, son los de Egipto, Sicilia y la parte cultivada de África. Se puede decir que lo que nunca se ha visto en Roma es que nunca ha existido. (…)

Mosaico en el que se representan los trabajos de carga y descarga de un barco en las costas de Tunicia África)

Ver también:

El terremoto de Lisboa de 1755

septiembre 10, 2008
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Grabado de 1755 mostrando las ruinas de la ciudad en llamas y un maremoto arrollando los barcos del puerto.

Lisboa, mañana del sábado 1 de Noviembre de 1775, día de Todos los Santos. La populosa ciudad despierta. Los fieles se dirigen a honrar a los muertos en iglesias como la de Santa María de Belém, São Nicolau o São Vicente de Fora, La Casa de Cuentas o plaza del Comercio; conocida como Terreiro do Paço por el palacio real que ahí se levantaba reanudaban sus actividades cotidianas. Pero a las nueve y media de la mañana el terror se desato, al empezar el suelo a temblar. El testimonio de John Fowkes, un comerciante inglés, afincado en la capital portuguesa revela la magnitud de la tragedia. Ese día, Fowkes se encontraba departiendo tranquilamente con dos amigos portugueses frente a la Casa de Cuentas cuando el suelo empezó a resquebrajarse y grandes bloques de piedra se desprendían de los edificios colindantes. Cuando el temblor remitió, Fowkes se dirigió a la Iglesia de São Nicolau “pero el horror que allí había nos confundió. Muchos ya habían fallecido y los que estaban malheridos (¡horrible espectáculo!) pedían misericordia a gritos mientras algún sacerdote los confesaba y absolvía” Ante ese horror decidió rodear la iglesia y dirigirse hacia la cercana plaza de Rossio, gateando por encima de las ruinas que llenaban toda la Rua dos Arcos. Allí encontró a su mujer y a sus hijos junto a dos criados. A continuación la familia buscó refugio en las colinas próximas, adonde se habían dirigido muchos de los supervivientes. Mientras en la ciudad, los braseros y las velas de las casas provocaron un gran incendio, que duro cinco días y devoró a las pocas casas que quedaban en pie.

José I de Portugal

Por otra parte, los supervivientes que habían buscado refugio en la playa corrieron la peor suerte. Después de las diez de la mañana, el mar se retiró, dejando los barcos varados en el pueblo, junto a mercancías y hasta los peces, ante la mirada sorprendida de las gentes que se agolpaban en la orilla. En torno a las once una ola de casi veinte metros de altura entro “barriendo y asolando cuanto delante hallaba, hasta la Real Casa de la Misericordia“, entrando en la ciudad unos ocho kilómetros; retirándose después y repitiéndose varias veces con menos fuerza hasta mediada la tarde. El palacio real, a orillas del Tajo, fue derribado en uno de estos embates, aunque el rey José I y la familia real se salvaron al haber acudido a misa esa madrugada a la iglesia de Santa María de Belém, situada en la zona menos afectada por el terremoto.

De una población lisboeta de 300.000 habitantes, unas 90.000 personas murieron, la mayor parte habitantes de la Cidade Baixa. Muchos de ellos murieron en los primeros momentos de la catástrofe, y la mala suerte hizo que fuera el día de Todos los Santos, por lo que muchas personas que habían acudido a las Iglesias, murieron al caerse las techumbres de estas. En el Hospital Real de Todos los Santos(el hospital público más grande de la época) murieron abrasados centenares de pacientes. En el Terreiro do Paço, el palacio real se desplomó por el embate conjunto del terremoto y del maremoto, desapareciendo numerosas obras de arte- incluyendo pinturas de Tiziano, Rubens y Correggio– y la Biblioteca Real, la cual guardaba alrededor de 100.000 ejemplares. La Real Casa de la Ópera (o Teatro de Ópera do Tejo) recién construida hace seis meses; el Archivo Real, el cual contenía detallados expedientes históricos que describían las exploraciones de Vasco da Gama y otros exploradores tempranos portugueses; la tumba del héroe nacional Nuno Álvares Pereira; e importantes iglesias de Lisboa, como la catedral de Santa María, las basílicas de São Paulo, Santa Catarina, São Vicente de Fora, y la iglesia de la Misericordia.

En Marruecos murieron cerca de 10.000 personas, en Sevilla también hubo víctimas y multitud de edificios quedaron dañados, incluida la Giralda y la Torre del Oro. En Ayamonte murieron más de 1.000 personas, en Cádiz las olas rompieron las murallas, Conil de la Frontera fue destruida lo mismo que Sanlúcar de Barrameda. Una de las torres de la catedral de Valladolid se derrumbó, en Jaén las torres de la catedral se agrietaron en Úbeda. Los Tsunamis golpearon las costas de Martinica y Barbados en América, los efectos llegaron hasta Turquía en el Mediterráneo y a Inglaterra y Dinamarca en el Atlántico.

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Convento do Carmo. Su iglesia edificada en estilo gótico en el S. XIV, perdió en 1755 su techumbre y nunca fue reconstruida. Sus ruinas fueron preservadas para recordar a los lisboetas la destrucción causada por el terremoto.

El impacto del terremoto fue tal que José I jamás volvió a vivir en su palacio reconstruido, habitando hasta su muerte con toda su corte en un lujoso campamento de tiendas y pabellones situada en la colina de Ajuda, próxima a Lisboa.

Tras la reconstrucción, el marqués de Pombal, el primer ministro o válido del rey, tomo la iniciativa. Siguiendo su máxima de “se entierra a los muertos y se alimenta a los vivos”, mando a la población a extinguir los últimos fuegos, sacar de los escombros a los muertos y enterrarles de forma apresurada, para evitar de esta forma infecciones. Dada la enorme cantidad de muertos, se utilizaron algunos conventos como fosa común para enterrarlos. Hace algunos años, se hallaron, en la actual Academia de Ciencias (Antiguo convento de Jesús), los restos de 3000 victimas de la tragedia. Para prevenir los desórdenes en la ciudad en ruinas, y, sobre todo, para impedir el saqueo, se levantaron patíbulos en puntos elevados alrededor de la ciudad y al menos 34 saqueadores fueron ejecutados. El ejército fue movilizado para que rodeara la ciudad e impidiese que los hombres sanos huyeran, de modo que pudieran ser obligados a despejar las ruinas.

A continuación, un grupo de arquitectos se encargo de planificar la reconstrucción de la zona más afectada, la Cidade Baixa, a la que convirtieron en la llamada Baixa Pombalina, además de reconstruir secciones de otras ciudades portuguesas, como Vila Real de Santo António en el Algarve. Los edificios pombalinos fueron los primeros del mundo en ser diseñados para resistir terremotos; para comprobar la resistencia de su estructura se hicieron maquetas de madera de estos edificios, alrededor de los cuales se hizo marchar al trote a las tropas, igualando su efecto al de los terremotos. Gracias principalmente al oro de las colonias de Brasil, la ciudad pudo ser reconstruida al cabo de un año. Lisboa se convirtió en el prototipo de ciudad nueva europea, con sus manzanas grandes y rectilíneas, y amplias avenidas.

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"El Marqués de Pombal mostrando la reconstrucción de Lisboa" por Louis-Michel van Loo, 1766.

Pero el terremoto sacudió mucho más que ciudades y edificios, influyó decisivamente en los pensadores de la Ilustración europea. Un ejemplo es Voltaire en Cándido o en su ‘Poème sur le desastre de Lisbonne’ (poema sobre el desastre de Lisboa) haciendo referencia al terremoto que ha sido representado como análogo al Holocausto. Kant publicó tres textos separados sobre el terremoto de Lisboa que en alguna medida se consideran como el principio de la geografía científica en Alemania y el comienzo de la sismología.

El matemático alemán crítico con el nazismo

septiembre 10, 2008

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David Hilbert (1862-1943) cambió la matemática de su tiempo desde su cátedra en Alemania. En 1933, vivió la purga de la mayoria de los investigadores de la universidad de Göttingen, debido a sus raices judias. Durante una comida, el ministro nazi de Educación Bernhard Rust, le preguntó: “¿Cómo va la matemática en Göttingen ahora que ha sido liberada de la influencia judía?” A lo que Hilbert contestó, “¿La matemática en Göttingen? Ya no queda nada de eso”.

Los canes en la Gran Guerra (IGM)

septiembre 10, 2008

A ningún perro le espero una Cruz Victoria “perruna” al fin de la IGM. Aunque la verdad realizaron tareas y misiones, muchas de ellas heroicas y una gran mayoría suicidas.

Postal alemana de la época que ilustra las funciones de rescate de los perros

  • – Una de sus principales misiones fue la de enlace entre trincheras, debido a que su tamaño y resistencia a las bajas temperaturas les permitía superar los terrenos más áridos (Cárpatos, Alpes,…)
  • – En las batallas más sangrientas se utilizaron perros para buscar a los heridos entre los montones de muertos.
  • – Una de sus misiones suicidas era la labor como perros antitanque. A los perros se les entrenaba aconstumbrándolos a comer debajo de dichas máquinas, de modo que cuando eran conducidos a la batalla, se les cargaba el lomo una mochila con explosivos y se les enviaba hacia carros de combate enemigos. Al meterse dentro de los tanques se accionaba un detonador y los perros explotaban con la munición.

El ejército belga se sirvió de los perros para el transporte de la artillería. ¡Perra vida!

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Las mujeres en la Gran Guerra

septiembre 10, 2008
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En la fotografía, francesas trabajando en una fábrica de municiones

Se puede afirmar que fue en la Gran Guerra (I Guerra Mundial), cuando las mujeres abandonaron los pucheros y el cuidado de los hijos, para ver reconocido su papel en la sociedad, alcanzando un hito en el largo camino de la revindicacion de los derechos de la mujer, especialmente el derecho al voto, iniciado por la llamada Declaración de Seneca Falls (1848, Nueva York) y por la inglesa Emmeline Pankhurst (1858-1928).

En la IGM la gran envergadura del conflicto, debido a la gran cantidad de tropas movilizadas, hizo que la industria, motor de la guerra, se quedara sin trabajadores. Por eso se pensó en las mujeres, y pese a la opinión en contra de la mayoría de los hombres, las féminas cumplieron y con matricula su papel. El rol potenciado en la I Revolución Industrial de que la mujer cuida la casa y los hijos, y el hombre se gana el jornal había quedado obsoleto. Durante la guerra la mano de obra femenina supuso el 40% de la producción metalúrgica y gran parte de la industria armamentística dependió de su labor, tanto que surgieron las denominadas munitionettes, que así es como se llamaba a las trabajadoras de este sector.

Mujer policia estadounidense

Pero no todas estaban empleadas en las fábricas, ya que junto a las enfermeras hubo mujeres encargadas de los transportes públicos, oficinas gubernamentales, y de cuerpos de orden ciudadano.

Algunos datos:

  • – Las mujeres fueron el 90 por 100 del personal de los hospitales.
  • – En 1918 trabajaban en Gran Bretaña 1.300.000 mujeres más antes que de la guerra, 700.000 de ellas ocupando puestos laborales que habían pertenecido a hombres, y lo mismo ocurría en Francia y Alemania.
  • – En Berlín y en la industria de uniformes militares trabajaban 25.000 obreras.